lunes, 5 de marzo de 2012

Dawn y Sunset. Capítulo 6.


¿Alguna vez pensaste, al mirar a los ojos a alguien que conoces de mucho tiempo, que sus ojos delatan una mentira que las palabras pronuncian?
Hacía rato que esa sensación me estaba carcomiendo la cabeza por dentro. La chica que acababa de encontrar me seguía de cerca, sin dejar de mirar a todos lados, menos al suelo, razón por la cual no paraba de tropezar y caer, ralentizando nuestro ritmo cada vez que la ayudaba a levantarse.
-Las personas siempre estamos cometiendo errores-Pensé en una de esas tantas ocasiones en que "Perdida" se levantaba de nuevo, pidiendo disculpas con una risa nerviosa.- Pero siempre nos levantamos y seguimos con lo nuestro, da igual lo que ocurra...
Medité sobre estas palabras mientras avanzaba por un camino semiempedrado que discurría por las faldas de las colinas. Ya se divisaba el final de la pradera y el comienzo de una carretera que subía en dirección a la montaña.
-Sin embargo, a todos en algún momento nos llega el turno de quedarnos sin fuerzas, sin ganas de continuar adelante... De querer rendirnos, dejar de luchar, y desear que todo termine... Se pierden las ganas de vivir...
Mi pie golpeó una piedra que sobresalía de la calzada, arrojándola bastante lejos de la calzada principal y dejando entrever el hueco que había ocupado hasta entonces entre todas las demás.
Me detuve, observando la piedra con la cabeza algo ladeada y una expresión que despertó la curiosidad de mi acompañante cuando, al adelantarme, se percató de mi inmovilidad y me miró a la cara.
-¿Qué ocurre, Sunset? Se te ha quedado cara de extrañado...
-Estaba pensando... Esa piedra, me recuerda a mí... a cómo me llegué a sentir hace tiempo, cuando me expulsaron de este lugar sin motivo aparente o culpa de mi parte...
-No te entiendo...- Perdida cruzó los brazos y puso cara de concentración, posiblemente, tratando de interpretar mis palabras.- ¿Podrías... decirme a que te refieres exactamente?
Me acerqué hasta quedar al lado de esa piedra que mi pie había arrojado al lado de la calzada y me arrodillé junto a ella. Medité mis palabras, buscando la mejor forma de transmitir lo que con claridad percibía en mi mente, en forma de palabras.
-Piensa que esta calzada es como un gran grupo de amigos, una familia... Gente con la que sientes un gran vinculo afectivo, intenso... Hasta el punto de que los podrías extrañar si se fueran de tu lado...
Perdida asintió con la cabeza, muda y tratando de no perder una palabra.
-Ahora bien, imagínate que de repente, te obligan a marcharte de su lado, salir de ese grupo, que te expulsan de su lado. Al principio, te sientes confuso, no sabes por qué ha ocurrido, y aún menos si tú tienes la culpa. No tienes forma de contactar con esas personas, porque se han cerrado en banda a cualquier contacto contigo... Y ellos suponían todo tu mundo, eran tus únicos y mejores amigos, aquellos que te habían escuchado cuando tuviste problemas, con los que reíste en tus momentos de mayor alegría... Y ahora yo no tienes a nadie que lo haga. Estas sólo, tan cerca de ellos y a la vez tan lejos... Que sientes una impotencia tan grande, una tristeza tal, que pierdes las ganas de todo... De comer, beber, de reír, de llorar... Hasta el punto en que dejas de querer vivir...
Perdida en ese momento tenía los ojos muy abiertos, impactada por mis palabras tan lúgubres y oscuras. No pude evitar sonreír con tristeza.
-Así me sentí yo cuando fui expulsado de este sitio.-Cogí la piedra con una de mis manos y la sostuve a la altura de mi cabeza en la palma de mi mano.- Me habían quitado la felicidad, y no lograba entender el por qué. ¿Actué mal, acaso? Ni tan siquiera pude defenderme, ni me dieron oportunidad de enmendar mi error de forma alguna.. Perdí muchos de mis recuerdos, todos los relacionados con el tiempo en que fui feliz en este lugar... En su lugar, quedaron solo los malos momentos, con lo cual, me llegué a sentir el ser más desgraciado de la tierra. Sólo, en medio de una multitud de gente. Tan cerca y a la vez tan lejos del calor del cariño humano.
Caminé lentamente hacia el lugar del que había sacado aquella piedra con el pie.
-Sin embargo... Aún cuando se han perdido todas las ganas de seguir luchando, hay formas de incitarse a uno mismo a seguir adelante... La vida es larga, para pasarla compadeciéndose de uno mismo. En el sendero de la vida, hay multitud de ocasiones para reencontrarse con la felicidad perdida o arrebatada, solamente debemos recordarlo en los momentos de mayor penumbra en nuestra vida, y basta la chispa de un solo pensamiento positivo para que prenda la hoguera del optimismo y se disipen las sombras que crees que han dominado tu vida hasta el momento.
Me arrodille junto al hueco y le pedí a Perdida con un gesto de la mano que se acercara. Se arrodilló a mi lado y me miró con expectación.
-No olvides que la felicidad puede alcanzarse en cualquier momento, y que no hay una única forma de conseguir llegar a ella. El fin último del ser humano, la meta a la que todos aspiramos. Si no pierdes de vista las virtudes de que dispones en esos momentos, lograrás recuperar esa felicidad perdida y entonces...
Encajé de nuevo esa piedra en el camino. No parecía que se hubiera salido nunca del mismo, que siempre había estado ahí, igual que todas las demás. Siempre con los suyos.
-Entonces esa sensación de soledad infinita morirá por sí sola. Porque ya no estarás solo nunca más. Porque una persona que es feliz, atrae hacia sí a quienes buscan la felicidad.

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